miércoles, 21 de enero de 2009

Skateboard


Hace unos días yendo al super con Lu, la flaca tomó un skate y me pidió probarlo. Como no había casi nadie, le dije que sí, y así anduvo paseando por todo el super copada con su descubrimiento...hasta que se cayó. Igual no dudó en decirme que quería tener uno, que si le podíamos comprar uno alguna vez.
Era inevitable que, al pensar en esto, hiciera la inevitable asociación de mi llegada a Mza, con trece añitos, y mi adictivo gusto por el skate. Apenas llegado a la nueva ciudad, y no conociendo nada ni nadie, descubrí el skateboard a través de una revista que te enseñaba a hacerte uno (siempre empezando desde abajo) desarmando un par de patines de los extensibles (los conocidisimos Leccese, quien no tuvo unos?). No tardé en pedirle a Víctor, que con su destreza con las herramientas y el bricolaje, me ayudara a hacerlo. Así que, en poco tiempo, me gastaba el lomo contra las veredas hasta que empecé a dominar la tablita. Quiso el destino que, como para esos días existia una especie de auge del deporte de la tabla con rueditas, pasaran una peli cuyos protagonistas eran adolescentes que hacían maravillas sobre sus skates. La peli en cuestión se llamaba Skateboard (Skateboard, 1978, George Gage, USA) Para un tipo sólo, introvertido, en un lugar desconocido, no había mejor cosa que encontrar algo para hacer que no involucrara a nadie mas que a mí para pasarla bien. Al tiempo que mejoraba mis piruetas sobre la tabla, comencé a encontrar gente que también andaba, se concentraban principalmente en dos lugares: la plaza España y el parque, en la zona de la bajada de Libertadores desde la rotonda hasta los Caballitos. Quienes me conocen sabrán que fichas le pongo a lo que me gusta: andaba todo el día en la tabla, pronto se hizo necesario cambiar esa tablita casera por una de verdad. Así me compré la más barata que podía comprar: una ProClass de plástico, con rueditas de 38 mm de uretano naranja y tracks insertos al plástico. Así empecé. Poníamos latas de aceite en la recién asfaltada calle Corrientes (antes era de adoquines) y hacíamos slaloms larguísimos. Un domingo a la tarde sobrevino el primer accidente: me caí en una acequia y me partí la boca, con siete puntos de sutura en la encía! Cuando empecé las clases encontré un par de amiguitos a los que les gustaba el skate y sabíamos salir a andar un poco por ahí. Uno, Miguelito Assumma, tenía una tabla de verdad: una ProClass cabezona de madera, de dos compuestos, con ruedas de 68 mm, hermosa. Para las salidas a la plaza España, mi tablita quedaba corta, así que la cambié por una Makaha de fiberglass, con tracks atornillados, que te permitian ponerle pads (separadores) para aumentar el despeje del suelo. Seguiamos aprendiendo trucos nuevos: tip toes, wheelies, nosewheelies, surfpose, longjump, doubledecker, dogswalk...pero nos faltaba algo...En Buenos Aires, como en cualquier capital, el skate prendió con todo, al punto que invitaron a un campeón de USA que vino a hacer demostraciones y todo, y no faltó mucho para que se inauguraran los primeros skateparks: Estaba uno en la playa de un super en Munro, había uno en Acasusso, y no me acuerdo más de los lugares, pero habian un par más. Nosotros nunca tuvimos uno, es más, nos corrían de la Plaza España porque decían que rompíamos las mayólicas. A falta de skatepark nos tirabamos por el techo del salon de actos del Normal, que tiene forma parabólica pero al revés...mala idea, la policía estaba a la vuelta. Empezó a circular una revista, de edición nacional, llamada (como no) Skateboard, y tuvimos nuestro propio héroe del skate vernáculo: Sebastián Lacroze. Así empezamos también a saber de las tablas de verdad: Alva, Gordon & Smith, Hobbie, Laze, Kryptonics, Gullwings, Sims, K2, Little Stone Santana y algún que otro nombre que hoy podemos ver en las tablas de snowboard. Pasaba el tiempo, los años y seguia andando cada vez que podía, realmente me gustaba! Miguelito dejó de andar y así esa tabla preciosa, pasó para mí. A los diecisiete bajábamos el Cerro de la Gloria con Beto y con el Pepe Cortizo intentamos un catamarán (prueba que incluia dos tablas y tres skaters) desde la playa del cerro hacia abajo, con varias caídas hasta llegar a la base. Pero como todo en la vida, uno cambia algunos intereses a medida que crece y los intereses de la adolescencia tardía fueron dejando a la tabla cada vez más abajo de la cama, dejando lugar a los discos o a la bici. Y un buen día, no anduve más.
Hace un tiempo atrás ví una peli donde contaban lo que fue toda esa movida del skate de fines de los setenta y principios de los ochenta: me sorprendió verla y que las cosas que veía me sonaran tan cercanas y familiares, además de disfrutarla por estar filmada exquisitamente. La peli se llama Dogtown and Z-boys. Hoy Lucía quiere un skate...y yo que voy a hacer? buscarle uno copado en Cristobal Colón, por supuesto!

5 comentarios:

Richard dijo...

Doy fe del Skateboard de Munro (como si hiciera falta).

No he incursionado nunca en este rubro, salvo el la música Skater... que sigo escuchando hasta hoy. Con Berni, mi hermanito, vimos bandas como Suicidal Tendencies, se escuchaban los Dead Kennedy`s y otras yerbas.
Quién no en BsAs no tenía algún amigo arriba del ESKATE o la BIKE...intentando bajar escaleras.

pit dijo...

Todos los que pasamos del fútbol y optamos por hacer alguna otra cosa somos más de lo que yo pensaba...es más, no somos ningunos freaks, hoy somos tipos perfectamente insertos en la sociedad, no?

Nokenicus dijo...

Hola, pasando a saludar y tambien para invitarte a que pases y veas mi blog a ver si encuentras algo de tu agrado y si te gusta intercambiemos enlaces, una suerte de fucionar dendritas o algo asi diria yo,je.
Saludos y hasta la proxima.

pit dijo...

Nokenicus, me encantó el blog...la reseña de The Elder es maravillosa, cuanto hacía que no sabía de este disco! muy bueno loco, sigan así.

Anónimo dijo...

Me encanto tu nota, muchos recuerdos, algunos mas son cuando vino Mike Weed a la Argentina, también tuve la oportunidad de entrar en un skatepark que estaba cerrado en Florida (usa) a los 15 años y el propio Allan Gelgfand el creador del Ollie air ,me invito a entrar levantando el alambre y me quede andando con todos ellos.
recuerdo también de tirarme por la calle Callao hacia Libertador haciendo la cuadra completa en vertical con el skate , bueno, seria copado compartir esto y mas con gente como vos que son fanáticos o fueron del skate y los deportes, Te cuento que hoy en la actualidad tengo mi rampa de skate en casa de 10 mts de largo x 4 de ancho y 220 de altura y a los 45 años todavía sigo andando,, muchos saludos para vos.
Sebastian Lacroze